Recuerdos de un día

Ayer día de los Santos, estuvimos revolviendo fotos en casa de mi padre, para un trabajo de Quique, mi hijo pequeño, sobre la Transición.

Y entre otras cosas, encontramos esta foto que me encanta.

En mi Colegio, La Enseñanaza, en la Fiesta de Santa Juana de Lestonnac, en mayo, hacíamos un concurso decorando todas las clases y aquel año, en 7º u 8º EGB decoramos la clase para representar el sueño de una niña que cumplía años.
Yo intervenía junto a Mercedes Godoy, representando unas monjitas de porcelana, que cobraban vida en aquél sueño…
Pero lo mejor, no fue la representación en el cole, ni ganar el primer premio aquél año, que también, sino mi aventura en el Convento de las Lauras (hoy desaparecido del Paseo Filipinos y transformado en aparcamiento, edificio y hospital).
Llamé a la Madre para pedirles el hábito y quedé en ir a la salida del colegio a buscarlo. Allí me presenté, llamé al torno y después del “Ave Maria Purisima, sin pecado concebida” me entregaron la llave para pasar al locutorio pequeño.

Recuerdo mis pasos lentos, por aquél estrecho y húmedo pasillo, que yo hasta entonces siempre había recorrido junto a mis padres, los domingos por la mañana, cuando después de Misa, íbamos a visitarlas y a oírles contar historias maravillosas de su vida monacal y de antes de profesar sus votos.

El pasillo encalado y pintado de florecitas a mano, olía a esa humedad rancia, de años, acompañada de un frio que te calaba los huesos. Al fondo, el locutorio grande, al que íbamos en Navidad. Más cerquita, el locutorio pequeño. Puse aquella llave grande y fría, de enormes dientes en la cerradura y giré suavemente. Di la luz, y esperé sentada y nerviosa a que apareciese la Madre y las hermanas.

No apareció la Madre, que estaba en sus labores; apareció Sor Conce, mi monja favorita: bajita, regordeta, morena, divertida y bonachona con una sonrisa y picardías de niña de 15 años en un cuerpo de 60.

Sor Conce estaba aún más emocionada que yo cuando me pasó por el torno de aquella sala el hábito para la representación. Lo cogí, recuerdo que lo olí y olía a limpio y me gustó el tacto de aquellas ropas. Vi que había bastantes cosas que ponerse y le rogué a Sor Conce me explicara los pasos. Me dijo alegremente, venga, empieza a ponerlo que te digo cómo. Yo llevaba abrigo, mochila y el uniforme verde botella de la Enseñanza. Me dijo, quítate sólo el abrigo. Y empezamos a vestirme: primero el hábito, luego el cíngulo, la capa, la toca blanca y encima la negra….

Cuando Sor Conce me vió, le brillaban los ojos de emoción y me decía, “estás hecha para venirte con nosotras. Qué pena que la Madre no pueda salir a verte”. Yo estaba muy, pero que muy tranquila, en calma. Le agradecí que me hubiese enseñado a vestirme y le dije que me lo iba a quitar para irme a casa….

Y aún veo como si fuese ahora mismo, la picardía de su rostro, la diversión de quién hace una chiquillada después de muchos años….Nuria, sabes una cosa, vete así vestida, que les das una sorpresa cuando llegues a casa….

Y ni corta ni perezosa, después de darle besos y agarrarnos las manos a través de las rejas de aquella salita pequeña, que olía también a humedad de años, pero que dejaba percibir el olor a la cocina de las monjas, a sus dulces; recogí mi abrigo verde botella y mi cartera de estudiante, cerré la salita con aquella llave grande y fría y salí hacia la calle vestida de monja.

Aquel pasillo estrecho  me parecía diferente al atravesarlo vestida como ellas. Me sentía francamente bien, sin miedo, sin frio. Cerré de nuevo, con aquella llave y llamé al torno para decir adiós, gracias y dejar la llave.

Cuando salí al Paseo de los Filipinos, eran las 3 de la tarde. No había prácticamente nadie por la calle. Al cruzar, en el paso de peatones, noté que los coches me cedían paso y me observaban sorprendidos viendo la juventud de una monjita de clausura.

Después de pasar por la Acera de Recoletos y la Calle Santiago, ambas sin peatonalizar, con aceras y coches transitando, con gentes que me miraban y sonreían tímidamente al cruzarse con la sor; recuerdo que me sentí apabullada y un poco avergonzada por la “mentira” que portaba aquella monja.

Al llamar al portal de mi casa, que tenía un moderno video-portero, sonreí y me abrieron. Al salir, del ascensor, mi abuela me esperaba con la puerta abierta y recuerdo su expresión de sorpresa y que salió corriendo para dentro diciendo, ¡¡¡que no es una monja, ¡¡¡que es Nuria!!!

Me mandaron quitar el hábito y guardarlo cuidadosamente hasta la representación. El fin de semana siguiente, fuimos en familia a verlas y a contarles todos los acontecimientos que aquella representación trajo a mi tranquila vida adolescente. Y les dejamos de recuerdo una copia de esta foto, que hoy ha vuelto a mis manos.

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IE1: comprendo, acepto, perdono

Dias 3 y 4 IE1

Yo soy Nuria y he comenzado mi camino.

Agradezco a mis padres todo lo que me han dado, desde el amor y con el 100% de sus recursos.

Comprendo muchas cosas aqui y ahora, de personas y situaciones que en su momento no pude comprender, y hoy tengo la suerte de entender o de empezar a entender.

Me perdono y me dejo ser. Perdono y dejo ser.

Agradezco por poder vivir este camino acompañada por quienes lo hacen conmigo como guias y como caminantes.

IE1: Déjate ser

Dia 2 IE1

“Déjate ser” me dijo Carmen. Con esa idea me acosté y con esa idea me levanté.

Y alli estábamos todos, emocionados comenzando el dia 2. El cambio ha comenzado..tic, tac, tic, tac resuena en mi interior. Y ya no tengo pánico.

He decidido dejarme ser y estoy siendo y he sido y seré. Y me encuentro bien. Soy Nuria.

Y he salido reconfortada, sin esa carga en mi espalda, que me acompañaba desde hace tiempo. Y, aunque aún no he hecho más que abrir mi mente y mi corazón a las emociones y su gestión, me encuentro bien porque estoy cumpliendo uno de mis objetivos: tener herramientas para que los niños gestionen sus emociones y sus conflictos.

Y queda mucho por hacer, por observar y practicar en este viaje hacia mi interior, un viaje en el que apenas llevo equipaje porque ya tengo todo cuanto necesito: ser y corazón.

Gracias.

IE1: EL RETO

Dia 1 EI1

Cuando eliges mejorar a través de un proceso de transformación personal, tienes que enfrentar muchas cosas, tienes que mirar hacia dentro y encontrar lo que quizás no has querido ver o has estado siempre viendo…

Cuando tras el primer dia, te duele todo, te tambaleas y casi no puedes razonar, aparece ante tus ojos esta foto con este poema de Emiliano Sánchez y lo que era negro se transforma en gris.

Adelante siempre dice un amigo, ¿ quién dijo miedo? dijo otro, ¿a que no hay huevos? dijo aquél otro…

Y aqui estoy, obligándome a iniciar estas reflexiones para sobrellevar el proceso que he comenzado hoy y casi abandono hoy.

Hasta donde llegue…llegaré, mirando adentro y viendo todo. Aceptando, respetando, perdonando. ¿ A quién? A mi.

Mi logo es un faro

El faro, guía callado, quieto, en silencio. El buen mediador, guía muchas veces quieto, en silencio, escuchando activamente, recogiendo lo que unos y otros dicen con la palabra, el gesto y el silencio. Por todo eso elegí el faro como elemento fundamental de mi logo de GESTIÓN DE CONFLICTOS-NURIA Mª CALVO BOIZAS-PROCURADORA-MEDIADORA. Y por ello, compartí mi faro en el logo de PROCUMEDIA GESTIÓN DE CONFLICTOS SLP, porque para mí, el sentido de la mediación es el acompañamiento en la gestión del conflicto, sin estridencias, sin protagonismos, sin exhibiciones ni egos; solo con la naturalidad, la cordialidad y la sinceridad que las personas que ponen el conflicto en nuestra mesa de Mediación merecen.

Ver “CUENTO “TIENE QUE HABER DIFERENCIAS”” en YouTube

Este no es un cuento más.  Este cuento nos encontró cuando trabajábamos sobre la igualdad y las diferencias.

Hoy lo comparto desde mi blog esperando que lo disfrutes y lo utilices en tu actividad docente, mediadora….

Todos somos iguales, todos somos diferentes. Esa es nuestra grandeza, a veces nuestra debilidad.

Confío en que este cuento sirva para acercar a las personas, a los menores y adolescentes, que sirva para fortalecer lo que nos une.

Gracias.

Nuria Calvo

(Socia de Procumedia Gestión de Conflictos SLP)

VEN, VAMOS A TOMAR CAFÉ Y HABLAMOS

Cómo añoro a mi madre y su cafetera después de comer. Las sobremesas, con el café presidiendo, forman parte de mis recuerdos. El olor a café al despertarme y en la cocina mi madre con su pijama de cuadros, su sonrisa, su pelo detrás de sus preciosas orejas y la cafetera preparada para ese ratito de mujeres charlando en la cocina: mi abuela, mi hermana, mi madre y yo hablábamos, contábamos, nos reíamos, organizábamos y a veces hasta nos enfadábamos…y el café estaba presente, siempre humeante, oloroso, natural.
Que buenos momentos disfrutados y ahora recordados. Que suerte hemos tenido a pesar de y con todo.

¿Qué es para mi la felicidad?

Para mi felicidad es tranquilidad, seguridad, olor a hogar.
Felicidad es saber que te esperan, te quieren, te valoran.
Felicidad es hacer lo que te gusta, lo que hace que vibres.
Felicidad es cualquier momento en buena compañia.
Felicidad es cuando aprendo a hablar con mi amiga del espejo,
y empiezo a quererla y a escucharla.
Felicidad es abrir los ojos por la mañana y pensar en esa persona que consigue que tu vida tenga sentido.
Felicidad es café con mis amigas y compañeras de profesión,
risoterapia en grado máximo, donde el respeto, el cariño y la diversión, no están reñidas con trabajo y despacho de asuntos.
Felicidad es perder el sentido del tiempo, escribiendo sobre la felicidad.
Nuria Calvo